La-33 lanza "Nada Que Me Pagan": Una mirada tragicómica a la realidad laboral de los músicos
Esta nueva canción nace de la colaboración entre la famosa orquesta de salsa bogotana y el cantautor & productor Juan Pablo Vega. Una anécdota divertida que pone de relieve las dificultades de un oficio.
La situación es bastante común en el gremio de las artes de nuestro país: un grupo musical fue contratado para un concierto y ahora se encuentra en el proceso de cobro, que parece ser eterno:
“Ya pagué la seguridad social
Y nada que pagan,
Ya me charlé a la de contabilidad
Y nada que me pagan…”
Así comienza este nuevo sencillo de la orquesta La-33, que tiene la participación especial del cantante, compositor y productor bogotano Juan Pablo Vega.
El vínculo entre la orquesta y el reconocido cantautor se dio a través del ingeniero de sonido Mauricio García (responsable de la grabación de ‘Échate pa’ acá’, entre otros temas). Una vez se hizo el puente, Juan Pablo Vega fue hasta los estudios ubicados en la calle 33. Allí se llevó a cabo una sesión fructífera y relativamente corta: en apenas dos horas, Vega, el pianista Miguel Rico y el director de La-33 Sergio Mejía elaboraron las estrofas y coros de esta canción. ¿La fuente de inspiración? En palabras de Sergio: “Algo que nos ha pasado a todos los músicos”. Otra versión de “Nada que me pagan” ya había aparecido hace unos meses en el álbum “Cachacoleto” de Juan Pablo Vega, pero en aquella grabación no participó ningún músico de La-33. Ahora, en 2026, Sergio ha hecho su propio arreglo, que tiene el sabor inconfundible de la salsa bogotana, e invita a cantar a Juan Pablo. Como cereza del pastel, escuchamos un solo de vibráfono a cargo de Gabriel Galvis, que por instantes recuerda el sonido clásico del Sexteto de Joe Cuba. “Gabriel es cercano a la orquesta y con él se ha generado una amistad muy bonita”, cuenta Sergio.
Por su parte, Juan Pablo Vega afirma que “es un motivo de orgullo colaborar con una banda icónica y emblemática de la ciudad de Bogotá, aunque yo no sea salsero”. Lo más importante para él ha sido sacar a flote “una canción que sale de la visceralidad, pero en un tono tragicómico: la música es un oficio bastante precarizado y las personas que pagan a los artistas no entienden la informalidad y las pocas garantías que tienen los músicos”.
La clave de todo esto es ese enfoque tragicómico: lejos de ser una protesta furiosa, “Nada que me pagan” está escrita e interpretada con buen sentido del humor. Esto garantiza que el público la pueda bailar, y hasta corear, con una sonrisa.
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